¿Por qué nos vacunamos?

El pasado mes de febrero de 2018 la World Health Organization (WHO) daba a conocer unos datos más que preocupantes: los casos de sarampión en Europa el 2017 experimentaron un incremento del 400% comparados con los casos de 2016. Este incremento fue fatal para 35 personas que murieron a causa de la enfermedad.

Para la WHO se puede considerar que se ha producido un brote grande cuando hay más de cien casos, una cifra que se superó con creces en varios países:

La lista está encabezada por Rumania, con 5.562 casos; la siguen Italia, con 5.006, y Ucrania, con 4.767 […] Otros países con brotes significativos son Grecia (967), Alemania (927), Serbia (702), Francia (520), Rusia (408), Bélgica (369) , el Reino Unido (282), Bulgaria (167), España (152), la República Checa (146) y Suiza (105).

Conviene recordar que el sarampión es una enfermedad muy contagiosa. Una comparación con la gripe es ilustrativa: si un grupo no está vacunado, una persona con la gripe podría contagiar a otras 2 o 3; en cambio, una persona con el sarampión podría llegar a contagiar a 18.

El sarampión se puede controlar con la vacuna disponible desde la década de los sesenta. Eso sí, se necesita que la población vacunada llegue al menos al 95% para evitar epidemias. Cuando esta tasa de vacunación desciende el riesgo de contagio se dispara. Esto es lo que ha pasado en Portugal este mes de marzo de 2018 como podíamos leer en La Voz de Galicia, lo que ha obligado a las autoridades a tomar medidas:

Portugal perdió la inmunidad de grupo frente al sarampión al no lograr una cobertura de vacunación de al menos el 95 % de la población en los años 2015 y 2016. […] Las autoridades han enviado circulares a los profesionales sobre cómo actuar en caso de sospecha, tanto en hospitales como en centros de salud. Y vacunan masivamente a los trabajadores de los centros afectados.

Desgraciadamente no es la primera vez, y probablemente no será la última, que los medios se hacen eco de noticias que tienen que ver con el incremento de enfermedades que se pueden evitar con las vacunas. Por eso hoy os recomiendo el libro ¿Por qué nos vacunamos?

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Incertidumbre, de David Lindley

INCERTIDUMBRE

“Dios no juega a los dados”. La famosa frase de Albert Einstein condensa a la perfección el espíritu de la ciencia moderna. Según este espíritu, el mundo natural se asemeja a una máquina. Las leyes de la naturaleza actúan sobre la realidad de manera fija, inmutable. Nada de lo que sucede lo hace por azar, nada sucede si otra cosa no lo causa. La aparente espontaneidad y arbitrariedad del mundo no es más que eso, aparente: la mente humana es limitada en su poder de comprensión, pero las leyes son inexorables, y gobiernan la naturaleza aunque no podamos expresarlas de la manera adecuada.

La física clásica, gracias a la obra de gigantes como Galileo y Newton, contribuyó a afianzar esta visión de la ciencia. Pero cuando escribió su famosa frase, en una carta al físico, Max Born a finales de 1926, Einstein no estaba expresando tanto una convicción como una queja. Una naciente disciplina, la física cuántica (el estudio de la estructura del átomo), parecía amenazar los sólidos principios de la ciencia moderna. Y eso en gran parte gracias a la idea revolucionaria de un joven científico de tan sólo 25 años, Werner Heisenberg, que hoy conocemos como “principio de incertidumbre”.

En Incertidumbre, David Lindley nos narra esa “lucha por la esencia de la ciencia”, desatada por el principio de incertidumbre de Heisenberg. Pero, ¿qué tiene de especial el principio de incertidumbre? ¿Por qué se le atribuye una importancia revolucionaria? Sigue leyendo “Incertidumbre, de David Lindley”