Incertidumbre, de David Lindley

INCERTIDUMBRE

“Dios no juega a los dados”. La famosa frase de Albert Einstein condensa a la perfección el espíritu de la ciencia moderna. Según este espíritu, el mundo natural se asemeja a una máquina. Las leyes de la naturaleza actúan sobre la realidad de manera fija, inmutable. Nada de lo que sucede lo hace por azar, nada sucede si otra cosa no lo causa. La aparente espontaneidad y arbitrariedad del mundo no es más que eso, aparente: la mente humana es limitada en su poder de comprensión, pero las leyes son inexorables, y gobiernan la naturaleza aunque no podamos expresarlas de la manera adecuada.

La física clásica, gracias a la obra de gigantes como Galileo y Newton, contribuyó a afianzar esta visión de la ciencia. Pero cuando escribió su famosa frase, en una carta al físico, Max Born a finales de 1926, Einstein no estaba expresando tanto una convicción como una queja. Una naciente disciplina, la física cuántica (el estudio de la estructura del átomo), parecía amenazar los sólidos principios de la ciencia moderna. Y eso en gran parte gracias a la idea revolucionaria de un joven científico de tan sólo 25 años, Werner Heisenberg, que hoy conocemos como “principio de incertidumbre”.

En Incertidumbre, David Lindley nos narra esa “lucha por la esencia de la ciencia”, desatada por el principio de incertidumbre de Heisenberg. Pero, ¿qué tiene de especial el principio de incertidumbre? ¿Por qué se le atribuye una importancia revolucionaria? Sigue leyendo “Incertidumbre, de David Lindley”

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